Día de... ¿la MUJER?


Siento que siempre hay una buena excusa para recordarnos los unos a los otros la importancia de nuestra identidad con todas sus facetas, independientemente de nuestra condición física, de nuestro género, etc. Sin embargo me parece si más no interesante la polémica que se genera en torno a la celebración de un día señalado como el día del reconocimiento a la mujer. Como es un tema que abriría un sin fin de matices históricos y presentes, no es de mi interés entrar en discusiones de por qué no se celebra del mismo modo el día del hombre, del niño, de la niña, de la abuela y de todo ser viviente, así que me centraré en la primera reflexión que a mi me despierta todo este movimiento.


Para empezar ser mujer es un regalo divino, igual que ser hombre, que merece ser observado, valorado y reconocido. Ciertamente hay muchas diferencias entre ambos géneros, comenzando por la fuerza creadora de vida que reside en nuestro útero (que, por cierto, no sería posible sin la presencia del hombre). Pero verdaderamente todas las cualidades que se le atribuyen a la mujer también residen en el hombre, en mayor o menor desequilibrio. Y por si quedan dudas, me refiero al sensible poder femenino que reside en el interior de todo ser humano. El ser mujer no nos otorga automáticamente una despierta, consciente y equilibrada feminidad. Del mismo modo que el ser hombre no anula sus poderes femeninos. Más al contrario, en muchas mujeres (y no hablo de mayorías ni minorías) impera más la polaridad yang (masculina) que la yin (femenina). Y lo mismo ocurre en hombres, que también presentan un desequilibrio entre sus dualidades femenino-masculino; estén estas reprimidas o manifestadas.

Es maravilloso y muy necesario que nos apoyemos los unos a los otros para re-programar creencias que han anulado nuestra naturaleza más esencial. Para empoderarnos y recordarnos ese poder tanto femenino como masculino que habita en nosotros, llegar así al coherente equilibrio que no discrimina ni resalta, sino que unifica y refuerza nuestra esencia álmica que en su origen no distinguía entre hombres y mujeres, sino entre individuos que evolucionan en esta tierra para la integración de su completud. Así que mi invitación es no entrar en más rivalidades y separatismos, que ya suficiente hemos vivido para poder haber aprendido algo de ello...


Mujeres, vibremos juntas para inspirar al mundo desde nuestra feminidad. O en otras palabras: amémonos tal y como somos, respetémonos, dejemos de lado rivalidades, envidias y comparaciones y potenciemos así la sabiduría interior que abraza todas nuestras partes. De este modo podremos vivir en armonía, reconociendo, valorando y honrando nuestra belleza interior y exterior; reconociendo así la perfección en la otra y el otro. Conectemos con nuestra intuición y confiemos en ella, más allá de las opiniones ajenas. Recibir inspiración de afuera está muy bien y a veces también es necesario para reforzar nuestra auto-estima a través de las confirmaciones externas. Pero luego lleva todas esas experiencias o conocimientos a tu corazón y fíltralas desde tu propia maestría. Que no sea el reconocimiento externo el que apruebe tu valía, sino la certeza de que tus acciones son íntegras con tu intención. Aunque no te conozca, afirmo que eres maravillosa/o tal y como eres y plenamente merecedor/a de amor y abundancia en tu vida. Y de eso trata la feminidad para mi: del respeto, reconocimiento, valoración, nutrición y amor hacia uno mismo; hacia la vida.


No es necesario luchar, reivindicar ni hurgar llagas del pasado. Ni a nivel social ni a nivel personal. La culpa es una energía muy destructiva de la que solo debemos aprender a dejar ir, no a alimentar. Es tiempo de evolucionar, aprendiendo del pasado y recordando lo que siempre ha estado ahí: el Amor Propio.


Acompañemos a los hombres a que también encuentren ese espacio para sentirse cómodos y seguros en su desnudez y puedan conectar con su sensible e intuitiva parte femenina, mostrar su autenticidad y vulnerabilidad.


Recobremos esa escucha y voz interior que reside en nuestro interior para ser capaces de dejar de mirar afuera y así recordar que todos queremos lo mismo: amarnos a nosotros mismos. Sin ese amor propio no podremos abrirnos de verdad a recibir amor puro y sano del otro.


Aprovecho para compartir que, más allá de toda esta reflexión al respecto del masculino y el femenino, a las mujeres se nos otorga uno de los mayores regalos de nuestra existencia: la generación, nutrición y crecimiento de vida en nuestro interior.

De la concepción entre un hombre y una mujer, nos entregamos incondicionalmente a co-crear una vida desde nuestro centro, con toda nuestra fuerza vital y amor.

No siento que ese Ser que hemos elegido acompañar y que nos ha elegido para ser acompañado nos pertenezca, pero sí me merece respeto y admiración el ciclo natural de la vida que, como es obvio, necesita de esta sagrada unión entre hombre y mujer para seguir su incondicional ritmo natural.

Hago mención a esto porque, independientemente de cuál sea la condición y situación de cada individuo, tan solo puedo arrodillarme con humildad ante las leyes del universo que co-crean con nosotros y lo único que nos piden es que nos responsabilicemos de nuestros pensamientos, emociones, actos y palabras para así, poder entre todos vivir en el mundo que tanto anhelamos.

Las cosas pueden ser más fáciles de lo que parecen... tan solo es una cuestión de perspectiva.


Me desnudo también compartiendo que tras años sanando y reconociendo mi parte femenina (y la masculina también, no iba a ser menos.. jeje) ahora mismo habita en mi un alma que decidió venir a este mundo como un ya casi niño. Me honra tener la comprensión de que mi labor es acompañar a este futuro hombre a que reconozca, muestre, desarrolle y entregue equilibradamente tanto su profunda, respetuosa y sensible parte femenina, como su emprendedora, activa y enraizada fuerza masculina.

Hace tiempo hice un rezo por los “nuevos hombres del mundo” y ahora formo parte activa y responsable de esta petición.

Hago ahora también un rezo por las “nuevas mujeres del mundo”: Diosas creadoras que no luchan por sus derechos, sino que desde su presencia y acciones muestran lo que son sin dar explicaciones; ofreciendo también espacio al hombre a que, del mismo modo, se re-descubra y se comparta.


Demos ambos, hombres y mujeres, espacio para que nuestro amado femenino y masculino se encuentren, se reconozcan y aprendan a danzar es esta obra de arte que es la vida. Al fin y al cabo, formamos parte de un espiral que gira sin cesar, a veces una de sus partes está más arriba, otras más abajo... pero como es arriba, es abajo y siempre acabamos ascendiendo.


Gracias a todo mi linaje femenino y a las mujeres con las que he compartido, en especial a mi madre, a mi abuela y a mi hermana por su entrega incondicional.

Gracias también a mi linaje masculino y a todos los hombres que, consciente o inconscientemente, me han brindado la oportunidad de sanar, amar y trascender partes de mi.


Desde mi parte femenina, mi corazón, y mi parte masculina que me permitió pasar a la acción. Con Amor,

Miriam

Os comparto un código geométrico de Janosh para meditar por el Auto Amor.

Y también esta canción que me inspira a que dancen sensualmente mi masculino y mi femenino.

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